martes, 21 de agosto de 2012

Uña incarnada con Fenol (Onicocriptosis técnica Fenol). "El Científico" señor Mosterín.

El fin de semana ha sido muy movido. Está con nosotros Gloria Amparo, una amiga colombiana que estará visitándonos durante 10 días. Ya la he llevado a ver muchas cosas de Salamanca, hemos ido a La Alberca y al Valle de las Batuecas, la llevé a La Abadía de los Templarios y la pobre, está agotada. Hoy he comenzado mi jornada a las siete de la mañana, tengo el día movidito y he comenzado con operaciones. Hace un calor tremendo, llegando a alcancar temperaturas de 40 grados y alerta naranja, tengo que disfrutar del calor por que la semana que viene me meteré de golpe en el invierno de Argentina, donde creo están pasando frio.

Mi próximo viaje va a ser a Argentina, donde iré la semana que viene, y entre otras cosas hablaré de la técnica del Fenol-Alcohol para el tratamiento de la onicocriptosis o uña incarnada, por los cual voy a poner uno de los casos operados con esta técnica. En estas primeras fotos el bloqueo anestésico. Lado peroneal.

Llegamos a plantar y dejamos una pápula.

Anestesia de la zona dorsal.

Anestesia del lado tibial.

Ponemos el anillo de isquemia.





Despegamos el trozo de uña que vamos a extirpar, del lecho ungueal.

Nos introducimos por debajo de la lámina hasta la zona de la matriz.

Cortamos lo mas recto y paralelo posible al labio ungueal y nos introducimos con la cizalla hasta debajo de eponiquio llegando a matriz ungueal.

Me gusta cortar de un solo corte todo el trozo de uña a eliminar.

Saco el trozo de uña extirpado.

Con la Cucharilla de Martini o con la Cucharilla de Walkman relizo un legrado de la matriz ungueal en todos los sentidos.


Dejamos bien limpia la zona, sin restos de fibrina ni de tejido de granulación.

Aplico el fenol.

El fenol, en ausencia de sangre cauteriza los tejidos.

Lavo abundántemente la zona con alcohol y posteriormente se vuelven a ralizare los mismo pasos de fenol-alcohol.

Retiro el anillo de hemostasia y no debe de sangrar nada, cuanto menos sangre, mas seguros estamos de haber realizado bien la técnica.

Coloco un poquito de sulfadiacina argéntica en la zona intervenida y pongo un vendaje semi compresivo.

Trozo de uña extirpada.
"El Científico" señor Mosterín.
El matador de toros, escritor y profesor Santi Ortiz, autor de numeros libros acerca de toros y toreros, entre ellos alguno glosando la figura taurina de José Tomás, y colaborador de la revista 6Toros6, se ha lanzado a retar al furibundo antitaurino, el profesor Jesús Mosterín, para que demuestre experimentalmente sus tesis sobre las 'farsas y los mitos de la tauromaquia'.
Ortiz, a través de una carta remitida a esta redacción, invita a Mosterín a demostrar en primera persona la docilidad del toro bravo, ofreciendo la oportunidad al profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, reforzar sus tesis y dotar de una credibilidad extraordinaria al movimiento antitaurino. Estas son las líneas elaboradas por el matador de toros y escritor y dirigidas al abolicionista:
"Haciéndome eco del malestar producido entre los amantes de la fiesta de los toros por las continuadas mentiras y falacias que sobre ella viene vertiendo el profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, Jesús Mosterín, me veo en la obligación de salir al paso de tan descarada campaña de difamación para frenar lo que considero una tergiversación inadmisible de la realidad.
Como ejemplo, tomaré algunas de las frases que el profesor Mosterín se permite escribir en su artículo ‘Farsa y mitos de la Tauromaquia', publicado en el nº 214 (julio-agosto 2010), de la revista literaria ‘LEER', en cuyo texto -salpicado de errores históricos garrafales-, el Sr. Mosterín afirma que:

1º) "El primer mito es el de la presunta agresividad del toro. El toro español no sería un bovino de verdad, sino una especie de fiera agresiva, un "toro bravo". Como rumiante que es, el toro es un especialista en la huida, un herbívoro pacífico que sólo desea escapar de la plaza y volver a pastar y rumiar en paz".

2º) "Al salir al ruedo, el toro, siguiendo su tendencia natural, se quedaría quieto o se quedaría de cara a la puerta cerrada", si no fuera, continúa, porque, para evitarlo, antes "se le clava la divisa".

3º) "El segundo gran mito es que el torero corre un gran riesgo toreando a un animal de tamaño mucho mayor que él. De hecho el riesgo del torero es mínimo. Toda la corrida es un simulacro de combate, no un combate."

4º) "El torero se acerca para que el toro no lo vea, no para mostrar valor, y el mayor riesgo que corre es el de ser herido por las banderillas."

5º) "Cuando el torero se arrodilla ante el toro en una pose de teatral coraje, en realidad no corre ningún peligro, pues el toro lo interpreta como un gesto de sumisión que le impide atacarlo."

Ante tales consideraciones, yo, Santiago Ortiz, mayor de edad y en pleno uso de mis facultades mentales, reto públicamente a Jesús Mosterín para que, en virtud del racionalismo y espíritu científico de esa Ilustración que él tanto invoca y a la que me sumo, demuestre en la práctica las aseveraciones que se permite formular acerca de la no agresividad del toro de lidia y de la inexistencia de riesgo para el hombre que se le ponga delante de no mediar esa "panoplia de torturas a las que se somete" al animal.
Para lo cual propongo:

1º) Que el señor Mosterín, acompañado de personal de su confianza, se traslade conmigo, y ante los medios de comunicación que deseen estar presentes, a una ganadería brava de cuyo propietario se haya obtenido el correspondiente permiso (de lo cual yo me encargo).

2º) Que, una vez en ella, los vaqueros de la finca encierren un toro en un corral abierto y lindante con la placita de tientas. Toro que será custodiado por el personal del señor Mosterín para garantizar que nadie le moleste o incurra en cualquier tipo de "torturas" para irritarlo.

3º) Que transcurrido un tiempo razonable, con el beneplácito del profesor Mosterín se le abra al toro la puerta de la plaza, dirigiéndole a ella y se le encierre dentro.

4º) Que en la plaza no se someta al toro a castigo alguno. No habrá, pues, divisa, varas ni tampoco banderillas, éstas sobre todo para no poner en peligro la integridad física del señor Mosterín.

5º) Que el señor Mosterín se comprometerá a esperarlo en el ruedo; cosa que se supone llevará a cabo sin el menor riesgo, ya que, si como él mantiene "dos no pelean si uno no quiere", menos pelearán en este caso, pues serían ambos -el pacífico bovino (según Mosterín) y el propio filósofo- los que no desearían la pelea.

6º) Si por cualquier casualidad, se observara cierta irritación en el toro, tampoco deberá ser esto motivo de alarma, pues, poniéndose el señor Mosterín de rodillas, el animal aceptaría el gesto como de sumisión y acatamiento y renunciaría a embestirle, como el profesor afirma. Eso es todo.

Aceptando este reto, el profesor Mosterín tendría una oportunidad única para demostrar experimentalmente la veracidad de sus afirmaciones, cosa que de cumplirse no sólo me obligaría a reconocer públicamente mi error y a expresarle del mismo modo mis disculpas, sino que otorgaría a la causa antitaurina una fuerza y credibilidad extraordinarias. En caso contrario, el señor Mosterín estaría obligado a desdecirse públicamente de sus afirmaciones y reconocer que éstas no se atienen a la verdad.
Ahora bien, si el señor Mosterín rehusara recoger este guante, no sólo ratificaría mis sospechas de que es un simple embaucador, sino que quedaría por embustero (también por cobarde) ante todas las personas de buena voluntad que han venido creyendo en sus palabras.

Sr. Mosterín, el reto está lanzado. Ahora le toca a usted mover ficha.

Fdo: Santi Ortiz

Bernardino Basas Si el señor Mosterín hace eso, yo no vuelvo a torear en mi vida, no volveré a matar un solo toro y es mas, me haré antitaurino. Venga Mosterín, demuestre científicamente su falsa teoría, su farsa que ni ustéd mismo se cree; venga Mosterín, tenga los huevos que los toreros no tienen y demuestre su falacia. Mosterín, yo me pondría delante del toro con usted, sin divisa, sin banderillas, sin pullazos, es mas, le reto incluso a no ponernos delante del toro en la plaza, tan solo delante de un toro en el campo, a campo abierto, el toro solo y nosotros, usted y yo.

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